sábado, 24 de noviembre de 2012

Las sensaciones que dan la edad

Para ella
 

 
y para ella



 
la vida no ha pasado en balde porque, detrás de esas miradas repletas de "la vida vivida", aún quedan miles de historias que contar aunque, desgraciadamente, pocos oídos dispuestos a regalarse en el arte de escuchar...
 
Las sensaciones que dan la edad son de ida y vuelta y es por eso que ellos y ellas, el grupo parroquial con el que me reuno cada sábado, -desde hace algún tiempo-, decidimos salir del mundo virtual de los videojuegos y de las redes sociales y entrar con más aplomo en el mundo que nos rodea, con la intención de tocar la Fe...
 
Este sábado se celebraba, en La Laguna, la Noche en Blanco y ya, desde por la mañana, se podía disfrutar de actividades en diferentes calles.
 
En la Plaza del Cristo una inmensa chiquillería  se divertía con las canciones de unos payasos aunque, a decir verdad, parecía que se lo pasaban mejor los papis y las mamis ya que no paraban de aplaudir y de bailar al son de la música mientras, los pequeños, permanecían boquiabiertos examinando minuciosamente lo que hacían los payasos.
 
Después de recorrer la plaza nos dirigimos al Asilo de los Ancianos Desamparados donde entramos de lleno y permanecimos durante casi dos horas, dando lo que estaba a nuestro alcance y recibiendo, sin duda, mucho más...
 
 
 
Alba, Ana, Celeste, Carmen, Marta, Marisa, Isaac y Riki se desplegaron como suaves alas por toda la estancia sin apenas esfuerzo y encontrando, ante ellos, unos ojos llenos de chispas y agradecimientos por tan especial visita...
 
 
 
Entablar diálogo no fue nada complicado porque todas aquellas mujeres parecían deseosas de tener a quien contar la rutina del día a día...
 
 
 
 
 
 
 
Se acercaba la hora del almuerzo bueno, ¡era ya la hora de almorzar! y Sor Carmen preguntó si alguien quería ayudar a comer a las ancianas que requerían de esa atención, le faltó tiempo para terminar la frase...
 
 
 
También di de comer a una de aquellas mujeres, de edad avanzada y frenada por una silla de ruedas, que no paraba de quejarse pero no soltaba mi mano, un "ni contigo ni sin ti", pensé. Así era y me lo confirmó una de las dos trabajadoras del comedor, "ella, como todos,  necesita cariño y cuidados. Tanta queja no obedece sino a un llamado de atención y, a la vez, no te suelta, porque necesita encontrar entre sus manos otra mano..."
 
Vuelvo la mirada sobre el grupo, desperdigados por todo el salón, a lo suyo y a lo de ellas...en el trajín del almuerzo.
 
Se recogen las mesas y comenzamos a despedirnos, las ancianas hablan más de prisa y escucho frases de gratitud y cariño.
 
 
 
De repente una voz sobresale del grupo y pregunta: ¿Qué hay que hacer para trabajar aquí?
Me quedo muda y pienso "¡arreglados van si piensan conseguir trabajo aquí, al menos, remunerado, sabiendo que este lugar casi se mantiene de la caridad...!
 
Intento decir algo pero rectifican: No queremos decir trabajar para cobrar sino así, como hoy...
 
Me sonrío y escucho: "Cuando ustedes quieran pueden venir porque con ustedes ha venido un trocito de sol a esta casa..."
 
Ya en la calle todos comentan, hablan y están rebosantes de vida.
Uno de ellos me comenta: "salgo con una sensación rara, muy agradable. Nunca me había sentido así..."
 
Tras un día así, tan diferente a los días "normales" entre rencillas, egoísmos, desahucios, injusticias... 
solo me queda decir: GRACIAS

1 comentario:

  1. Que alegría tan grande ver a los chicos tan ilusionados haciendo algo tan sencillo pero tan importante como acompañar a otros y querer a los otros sin nada a cambio.
    Dios les bendiga chicos. Me siento orgulloso de ustedes.

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